Una polar mañana de
invierno, mientras estaba sentada en mi escritorio organizando mi mente para
decidir qué hacer el resto del día, recordé que no hay que olvidar que la
literatura es un acto de comunicación (Jaime Hagel E, 1987). Por medio de ella
transmitimos ideas, opiniones, favoritismos, oposición y también nos conciliamos para con los otros.
Siendo justamente esta última palabra la que describe la novela que les
presentaré.
Narciso
y Goldmundo fue escrita por el ganador del Nobel de
Literatura, Hermann Hesse, en 1930. En propias palabras del autor, en esta
historia alterna constantemente la confesión de experiencias extraordinarias, y
en cierto modo ejemplares, y esas etapas de la vida en las que se reconoce la
imperfección, la flaqueza, la tortura infernal y la desesperación.

Su estrecha amistad
desencadenará en uno de ellos toda la sensibilidad, pasión y efervescencia que
estaba reprimida debido a sucesos del pasado. Mientras que el camino del otro
será la ciencia, el intelecto y la meditación.
Donde la patria de uno
será la tierra, en tanto que la del otro será la idea. Y el peligro que les
acechará significará ahogarse en el mundo sensual o el de asfixiarse en recintos
sin aire. Porque uno dormirá en el regazo de la madre y el otro velará en el
desierto. Para uno brillará el sol, para el otro la luna.
Opinión Literata: Es universalmente conocida la técnica de Hermann Hesse
acerca de la exploración del subconsciente de sus personajes, cuestión que he
apreciado en lecturas anteriores, tales como El Extranjero o Demian, siguiendo
esta novela la misma tendencia.
Narciso y Goldmundo es
una historia que parece de contrastes, donde se enfrentan pensadores y soñadores, arte y ciencia,
lujuria y ascetismo, libertad y enclaustramiento. Cuando en realidad ambos personajes comparten
problemáticas de acuerdo a su propia naturaleza, ya sea instintivo o racional, donde la diferencia radica en que para uno el camino será
más hermoso, pero también más brutal.
![]() |
Goldmundo apasionado. |
En definitiva, esta
novela terminó siendo una verdadera delicia. ¡Esos diálogos cuando Narciso dice
que sólo toma en serio a Goldmundo cuando es Goldmundo. Pero que no siempre es
Goldmundo. Y lo único que anhela es que sea total y enteramente Goldmundo.
Porque no es enteramente él mismo!
De seguro cuando
nuevamente vuelva a ver éste libro en alguna vitrina, vendrá a mi memoria:
“Mucho antes de que una obra de
arte se haga visible y cobre realidad, existe ya como imagen en el alma del
artista”.
Simplemente atrévete. Aquello ya es.
Me despido y te deseo las mejores albas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario